Cuando escucho la música,
me concentro hacia dentro,
con total emoción,
siento que fluye
en mi interior
un mar salvaje,
penetra, brama y ruge,
con mucha pasión,
es un río de voces,
llenas de furor,
ondulaciones argentadas,
van y vienen,
como las olas
con su blanca espuma,
me arrastran,
a las playas del

Cuando escucho la música,
me concentro hacia dentro,
con total emoción,
siento que fluye
en mi interior
un mar salvaje,
penetra, brama y ruge,
con mucha pasión,
es un río de voces,
llenas de furor,
ondulaciones argentadas,
van y vienen,
como l as olas
con su blanca espuma,
me arrastran,
a las playas del ritmo,
me abren mil horizontes,
dulces acuarelas
y me muestran
un viaje fascinante,
me llevan a un poema
que conozco,
como si fuera,
la rosa de los vientos,
es un mar de símbolos,
me asustan
sus estruendos,
las olas me llevan y traen,
a ese poema escrito,
al más allá, a la eternidad,
son letras que irán
a ese preludio de amor,
que me arrastra a la noche,
como si yo fuera
vela, barco, o simple ritmo,
música dura,
insinuaciones y conjeturas,
voces de dioses,
son principio y fin, alfa y omega
y así el viento común,
juega y se divierte,
y la extrañeza que no comprende,
sopla la idea y la teoría,
pero su propósito
es dejar de ser y estar,
y es fruto de la pasada estación,
está ahíta como la bestia
de la pasión.
Angélica Davinna Bloom
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